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La llegada del ser humano a la luna con las misiones Apolo entre 1969 y 1972 marcó uno de los mayores hitos de la historia, en un contexto geopolítico de competencia tecnológica entre potencias.
Décadas después, la luna vuelve a ser el centro del tablero con programas como Artemis, impulsado por la NASA, las iniciativas lunares de China o misiones de agencias como ESA, JAXA e ISRO. Esta vez el objetivo no es solo llegar, sino establecer una presencia sostenida y convertirla en un punto clave para el futuro de la exploración espacial.
El interés por la luna ha evolucionado de forma significativa en las últimas décadas: pasamos de la exploración puntual a la presencia sostenida.
Por un lado, la luna ofrece un enorme valor científico y de recursos. Su superficie permite estudiar la historia del sistema solar y pr9obar tecnologías en un entorno real antes de misiones más lejanas. Además, regiones como el polo sur concentran gran interés por la posible presencia de agua.
A nivel estratégico, la luna se está consolidando como una plataforma para la exploración del espacio profundo. Serviría como plataforma para misiones de larga duración y como paso intermedio hacia Marte.
La luna desempeñará un papel central como nodo logístico, tecnológico y científico.
Operar en la superficie lunar implica enfrentarse a un entorno altamente hostil, donde las condiciones extremas condicionan el diseño de cualquier sistema.
El control térmico es un elemento esencial en cualquier misión lunar. Las condiciones extremas obligan a gestionar de forma eficiente el calor generado por los equipos y protegerlos frente a temperaturas fuera de rango. Para hacer frente a estos desafíos, empleamos distintas tecnologías de control térmico adaptadas al entorno espacial.
Todas estas tecnologías son esenciales porque garantizan el correcto funcionamiento de los sistemas en un entorno donde no existen mecanismos naturales de regulación térmica. Sin una gestión adecuada del calor se compr0mete la misión. Además, al tratarse de sistemas en gran medida pasivos, aportan fiabilidad y reducen la dependencia de consumo energético, un factor crítico en operaciones lunares.
En este contexto de creciente actividad lunar, desde ARQUIMEA participamos en algunas de las principales misiones internacionales, aportando tecnologías clave para el control térmico y los sistemas termo-estructurales, contribuyendo a garantizar la fiabilidad y el rendimiento de los sistemas en un entorno tan exigente.
LUPEX es una misión internacional centrada en la exploración del polo sur lunar, una región especialmente relevante por la posible presencia de agua helada y otros recursos clave para futuras misiones. Liderada por la agencia japonesa JAXA, con la participación de ISRO y colaboración internacional, esta misión tiene como objetivo avanzar en el conocimiento de la superficie lunar y validar tecnologías necesarias para una presencia sostenida.
En este contexto, contribuimos al desarrollo del sistema de control térmico del lander mediante Loop Heat Pipes (LHPs), encargadas de transportar el calor de forma pasiva y mantener los equipos dentro de sus rangos operativos.
En el marco del programa Artemis, el Multi-purpose Habitat (MPH) es un hábitat presurizado diseñado para permitir estancias prolongadas en la superficie lunar, un paso clave hacia la presencia sostenida.
Desde ARQUIMEA Participamos en el desarrollo de este sistema mediante el diseño y fabricación de un radiador desplegable encargado de disipar el calor del fluido térmico antes de su recirculación dentro del módulo. Este tipo de solución resulta esencial para mantener condiciones térmicas estables en entornos dodne la gestión del calor es especialmente crítica. Actualmente, el proyecto se encuentra en fases iniciales de desarrollo, ligado a las etapas posteriores de Artemis III.
Dentro de la infraestructura orbital del programa Artemis, el módulo PPE es el elemento de potencia y propulsión del Lunar Gateway, encargado de proporcionar potencia, capacidad de maniobra y control orbital a la estación.
En este contexto, participamos como proveedor de paneles termo-estructurales, integrando soluciones que combinan funciones estructurales y de control térmico. Estos elementos incorporan tecnologías como heat pipes y superficies ópticas, contribuyendo a gestionar el calor y garantizar la estabilidad de los sistemas.
Recientemente la NASA anunció un cambio de planes en su estrategia lunar. La Lunar Gateway no seguirá adelante y la Administración norteamericana ha decidido establecer directamente una base en la Luna. En este nuevo contexto, se está estudiando la opción de que el PPE viaje a Marte con un reactor nuclear como prototipo de sistema de transporte al planeta rojo.
La exploración lunar está convirtiendo a la luna en una infraestructura clave dentro del ecosistema espacial. Deja de ser un destino puntual para convertirse en un enclave estratégico.
Su valor no se limita al ámbito científico, sino que abarca también el desarrollo tecnológico, la validación de sistemas en condiciones reales y su papel como nodo logístico en órbita y superficie. Iniciativas como Artemis o la evolución del Lunar Gateway reflejan este cambio de enfoque, orientado a establecer capacidades permanentes que permitan operar de forma continuada.
En este contexto, la luna se posiciona como un paso intermedio esencial hacia misiones más ambiciosas, como la exploración de Marte y otros planetas, y como un elemento central en el desarrollo de la futura economía espacial.
En un entorno tan exigente, los sistemas térmicos se consolidan como un elemento crítico de misión, imprescindible para garantizar el funcionamiento y la fiabilidad de los sistemas. En este escenario, la participación en programas internacionales refuerza el papel de ARQUIMEA como proveedor de tecnologías clave en múltiples misiones lunares.