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El cambio climático es una realidad medible: cada año emitimos más de 37.000 millones de toneladas de CO₂, y 2024 fue el primer año en que la temperatura global superó el umbral de 1,5ºC sobre los niveles preindustriales. Superar este desafío requiere una combinación de cambios estructurales y sociales, pero también de soluciones tecnológicas capaces de transformar de raíz la manera en la que producimos, consumimos y gestionamos los recursos.
Aquí es donde entra en juego un nuevo tipo de innovación: la que no solo busca eficiencia o rentabilidad, sino impacto climático directo. Desde sistemas que capturan dióxido de carbono hasta algoritmos que optimizan el uso de la energía, la ciencia y la ingeniería están comenzando a reescribir las reglas de la sostenibilidad.
Casi el para alcanzar los objetivos de neutralidad de carbono en 2050 dependerán de tecnologías que aún no están disponibles a gran escala. Así, el futuro del clima mundial puede depender de innovaciones que todavía se están diseñando en laboratorios y centros de investigación.
La tecnología climática se ha consolidado como un ecosistema en rápido crecimiento que busca dar respuesta a la mayor urgencia de nuestro tiempo.
El término tecnología climática (climate technology) se utiliza para describir el conjunto de soluciones técnicas, científicas e industriales desarrolladas para reducir el impacto del cambio climático o facilitar la adaptación a sus efectos. Esta definición abarca tanto las tecnologías de mitigación, orientadas a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, como las de adaptación, que mejoran la resiliencia de ecosistemas, infraestructuras y comunidades ante los impactos climáticos.
Sin embargo, más allá de una etiqueta política o económica, la tecnología climática representa una intersección entre la ciencia ambiental, la ingeniería y la innovación digital, donde disciplinas como la inteligencia artificial, la biotecnología o la nanotecnología comienzan a desempeñar un papel esencial. Su propósito es doble: acelerar la descarbonización de los sistemas productivos y, al mismo tiempo, reconstruir procesos naturales que ayuden a restaurar el equilibrio climático.
Desde el punto de vista técnico, el concepto puede dividirse en tres grandes áreas funcionales:
Este enfoque científico y multidisciplinar sitúa a la tecnología climática como un nuevo paradigma de innovación orientada al clima, en el que la investigación aplicada y la ingeniería de datos desempeñan un papel central.
La tecnología climática se despliega en múltiples sectores, pero algunos concentran los avances más relevantes.
La transición energética es el núcleo del cambio. El reto está en almacenar esa energía de manera eficiente: nuevas baterías de flujo, sistemas térmicos y soluciones de hidrógeno verde están demostrando que es posible equilibrar redes eléctricas con energía 100% renovable.
La agricultura representa cerca del 25% de las emisiones globales, pero también ofrece una de las mayores oportunidades de mitigación. Tecnologías de precisión, sensores IoT y cultivos editados genéticamente permiten reducir el uso de fertilizantes y optimizar el agua. En 2024, investigadores de la Universidad de Wageningen desarrollaron variedades de trigo que reducen sus emisiones de óxido nitroso en un 40 %, combinando biología molecular e inteligencia artificial.
La captura directa de aire (DAC) y el almacenamiento geológico del carbono se están convirtiendo en piezas clave. El proyecto Mammoth, en Islandia, de este tipo, con capacidad para eliminar 36.000 toneladas de CO₂ al año, el equivalente a las emisiones anuales de 8.000 coches. Aunque aún es costosa, esta tecnología demuestra que la ingeniería puede empezar a revertir parte del daño acumulado.
La IA se está consolidando como una herramienta transversal. Desde la predicción de eventos extremos hasta la modelización de ecosistemas, los algoritmos permiten procesar cantidades masivas de datos climáticos con una precisión inédita. En algunos casos, la IA puede reducir las emisiones de sectores intensivos en energía hasta en un 10% mediante optimización logística y gestión predictiva.
El desarrollo de la tecnología climática se enfrenta a un escenario complejo que combina limitaciones técnicas, económicas y estructurales. Aunque las innovaciones se multiplican, su adopción a gran escala sigue siendo un desafío.
Uno de los principales problemas es la asimetría en la inversión y el despliegue tecnológico. Cerca del 80% del capital privado destinado a climate tech se concentra en América del Norte y Europa, mientras que regiones altamente vulnerables al cambio climático, como África o el sudeste asiático, reciben menos del 5%. Este desequilibrio no solo frena la reducción global de emisiones, sino que amplía las brechas de resiliencia entre economías desarrolladas y emergentes.
A nivel técnico, el reto pasa por mejorar la eficiencia energética y la circularidad de las propias tecnologías. Muchas soluciones climáticas, como el almacenamiento energético o la producción de hidrógeno verde, dependen de materiales críticos, litio, cobalto, níquel o tierras raras, cuya extracción genera impactos ambientales y geopolíticos. El desarrollo de catalizadores sostenibles, materiales alternativos y procesos de reciclaje avanzados será esencial para cerrar el ciclo tecnológico de forma limpia.
También persisten limitaciones en la infraestructura y la integración sistémica. Las tecnologías climáticas no operan de forma aislada: requieren redes eléctricas inteligentes, cadenas logísticas descarbonizadas y políticas regulatorias coherentes que incentiven su adopción. Sin una visión coordinada entre ciencia, industria y administración, la innovación puede quedar atrapada en fases piloto sin alcanzar impacto real.
Por último, la gestión de datos climáticos y modelización predictiva se está convirtiendo en un componente crítico. La cantidad de información generada por sensores, satélites y modelos atmosféricos exige sistemas capaces de procesarla con alta resolución temporal y espacial. La inteligencia artificial y la computación de alto rendimiento (HPC) son ya herramientas fundamentales para este propósito, pero también requieren transparencia y trazabilidad para evitar sesgos en la toma de decisiones ambientales.
En definitiva, el reto no radica solo en inventar nuevas tecnologías, sino en hacerlas sostenibles, escalables y globalmente accesibles, manteniendo un equilibrio entre innovación, impacto ambiental y justicia climática.
En ARQUIMEA Research Center, la investigación en tecnología climática se desarrolla desde una perspectiva interdisciplinar que combina biotecnología, robótica, inteligencia artificial y tecnologías cuánticas. El objetivo es generar soluciones que contribuyan de forma directa a la mitigación y adaptación al cambio climático, aplicando la ciencia a la regeneración ambiental y la protección de ecosistemas.
Entre sus líneas más innovadoras destaca el desarrollo de un consorcio microbiano capaz de acelerar la regeneración de suelos degradados por incendios forestales, mejorando su estructura, fertilidad y capacidad para sostener vida vegetal.
Otra línea de trabajo aplica fusión multimodal de imagen e inteligencia artificial para la detección automática de cetáceos, una tecnología que integra datos ópticos, térmicos y acústicos para monitorizar especies marinas con gran precisión. Este enfoque contribuye a reducir el impacto de actividades humanas en el medio oceánico y a reforzar la conservación de la biodiversidad como parte de la acción climática.
Ambos proyectos reflejan la apuesta de ARQUIMEA Research Center por una innovación climática aplicada, en la que la ciencia de frontera se orienta a restaurar el equilibrio entre la actividad humana y los sistemas naturales.